Es una encíclica subtitulado sobre la permanente validez del mandato misionero publicado por Juan Pablo II el 7 de Diciembre de 1990. Trata la urgencia de la actividad misionera en estos tiempos.El Concilio Vaticano II ha querido renovar la vida y la actividad de la Iglesia según las necesidades del mundo contemporáneo; ha subrayado su « índole misionera », basándola dinámicamente en la misma misión trinitaria.
Habla sobre la importancia del compromiso y del servicio. El espíritu Santo que se nos otorga es quien impulsa las grandes oras de Dios.
El impulso misionero pertenece, pues, a la naturaleza íntima de la vida cristiana e inspira también el ecumenismo: « Que todos sean uno ... para que el mundo crea que tú me has enviado » (Jn 17, 21).
2. Muchos son ya los frutos misioneros del Concilio: se han multiplicado las Iglesias locales provistas de Obispo, clero y personal apostólico propios; se va logrando una inserción más profunda de las comunidades cristianas en la vida de los pueblos; la comunión entre las Iglesias lleva a un intercambio eficaz de bienes y dones espirituales; la labor evangelizadora de los laicos está cambiando la vida eclesial;
Pero lo que más me mueve a proclamar la urgencia de la evangelización misionera es que ésta constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual, el cual está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia.
¿Para qué, entonces, la misión?
« Nadie va al Padre sino por mí » (Jn 14, 6)
5. Remontándonos a los orígenes de la Iglesia, vemos afirmado claramente que Cristo es el único Salvador de la humanidad, el único en condiciones de revelar a Dios y de guiar hacia Dios.
CAPÍTULO I - JESUCRISTO ÚNICO SALVADOR
Creer en la Eucaristía en el Santísimo
Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres: « Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús.
La misión universal de la Iglesia nace de la fe en Jesucristo, tal como se expresa en la profesión de fe trinitaria: « Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos... Por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo un ejemplo de amor y servicio
(1 Cor 8, 5-6). Se confiesa a un único Dios y a un único Señor en contraste con la multitud de « dioses » y « señores » que el pueblo admitía.
CAPÍTULO II - EL REINO DE DIOS
El Antiguo Testamento atestigua que Dios ha escogido y formado un pueblo para revelar y llevar a cabo su designio de amor. Pero, al mismo tiempo, Dios es Creador y Padre de todos los hombres se cuida de todos, a todos extiende su bendición (cf. Gén 12, 3) y con todos hace una alianza -Gén 9, 1-17). Israel tiene experiencia de un Dios personal y salvadoR
Cristo hace presente el Reino
El ministerio de Jesús se describe en el contexto de los viajes por su tierra. La perspectiva de la misión antes de la Pascua se centra en Israel. « El Reino de Dios está cerca » (Mc 1, 15); se ora para que venga (cf. Mt 6, 10); la fe lo ve ya presente en los signos, como los milagros (cf. Mt 11, 4-5), los exorcismos (cf. Mt 12, 25-28), la elección de los Doce (cf. Mc 3, 13-19), el anuncio de la Buena Nueva a los pobres (cf. Lc 4, 18). En los encuentros de Jesús con los paganos se ve con claridad que la entrada en el Reino acaece mediante la fe y la conversión (cf. Mc 1, 15) Y no por la mera pertenencia étnica.
Características y exigencias del Reino
Al comienzo de su ministerio proclama que ha sido « enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva » (Lc 4, 18). A todas las víctimas del rechazo y del desprecio Jesús les dice: « Bienaventurados los pobres » (Lc 6, 20).
Las numerosas curaciones demuestran su gran compasión ante la miseria humana
En el Resucitado, llega a su cumplimiento y es proclamado el Reino de Dios
16. Al resucitar Jesús de entre los muertos Dios ha vencido la muerte y en él ha inaugurado definitivamente su Reino. E (cf. Act 28, 31).
El Reino con relación a Cristo y a la Iglesia
CAPÍTULO III - EL ESPÍRITU SANTO PROTAGONISTA DE LA MISIÓN
21. « En el momento culminante de la misión mesiánica de Jesús, el Espíritu Santo se hace presente en el misterio pascual con toda su subjetividad divina: como el que debe continuar la obra salvífica, basada en el sacrificio de la cruz. Sin duda esta obra es encomendada por Jesús a los hombres: a los Apóstoles y a la Iglesia. Sin embargo, en estos hombres y por medio de ellos, el Espíritu Santo sigue siendo el protagonista trascendente de la realización de esta obra en el espíritu del hombre y en la historia del mundo
El Espíritu hace misionera a toda la Iglesia (cf. Act 2, 42-47; 4, 32-35).
El Espíritu está presente operante en todo tiempo y lugar
CAPÍTULO IV - LOS INMENSOS HORIZONTES DE LA MISIÓN AD GENTES
Por medio de los Apóstoles la Iglesia recibió una misión universal, que no conoce confines y concierne a la salvación en toda su integridad, de conformidad con la plenitud de vida que Cristo vino a traer (cf. Jn 10,10);
En efecto, la Iglesia « no puede sustraerse a la perenne misión de llevar el Evangelio a cuantos —y son millones de hombres y mujeres— no conocen todavía a Cristo Redentor del hombre. Esta es la responsabilidad más específicamente misionera que Jesús ha confiado y diariamente vuelve a confiar a su Iglesia ».50
La misión « ad gentes » conserva su valor
34. La actividad misionera específica, o misión ad gentes, tiene como destinatarios « a los pueblos o grupos humanos que todavía no creen en Cristo », « a los que están alejados de Cristo », entre los cuales la Iglesia « no ha arraigado todavía »,53 y cuya cultura no ha sido influenciada aún por el Evangelio.54 Esta actividad se distingue de las demás actividades eclesiales, porque se dirige a grupos y ambientes no cristianos, debido a la ausencia o insuficiencia del anuncio evangélico y de la presencia eclesial.
Por lo demás, no es fácil definir los confines entre atención pastoral a los fieles, nueva evangelización y actividad misionera específica, y no es pensable crear entre ellos barreras o recintos estancados. No obstante, es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio y por la fundación de nuevas Iglesias en los pueblos y grupos humanos donde no existen, porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia, que ha sido enviada a todos los pueblos, hasta los confines de la tierra.
35. La misión ad gentes tiene ante sí una tarea inmensa que de ningún modo está en vías de extinción. Al contrario, bien sea bajo el punto de vista numérico por el aumento demográfico, o bien bajo el punto de vista sociocultural por el surgir de nuevas relaciones, comunicaciones y cambios de situaciones, parece destinada hacia horizontes todavía más amplios. La tarea de anunciar a Jesucristo a todos los pueblos se presenta inmensa y desproporcionada respecto a las fuerzas humanas de la Iglesia.
Ámbitos de la misión « ad gentes »
a) Ámbitos territoriales.
b) Mundos y fenómenos sociales nuevos.
c) Áreas culturales o areópagos modernos.
El areópago representaba entonces el centro de la cultura del docto pueblo ateniense, y hoy puede ser tomado como símbolo de los nuevos ambientes donde debe proclamarse el Evangelio. El mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola —como suele decirse— en una « aldea global
CAPÍTULO V - LOS CAMINOS DE LA MISIÓN
La primera forma de evangelización es el testimonio
El primer anuncio de Cristo Salvador
Conversión y bautismo
Formación de Iglesias locales
Encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos
El diálogo con los hermanos de otras religiones
Promover el desarrollo, educando las conciencias
La Caridad, fuente y criterio de la misión
CAPÍTULO VI - RESPONSABLES Y AGENTES DE LA PASTORAL MISIONERA
Apóstoles encontramos a otros agentes menos conocidos que no deben olvidarse: son personas, grupos, comunidades. Un típico ejemplo de Iglesia local es la comunidad de Antioquía que de evangelizada, pasa a ser evangelizadora y envía sus misioneros a los gentiles (cf. Act 13, 2-3). La Iglesia primitiva vive la misión como tarea comunitaria, aun reconociendo en su seno a « enviados especiales » o « misioneros consagrados a los gentiles », como lo son Pablo y Bernabé.
CAPÍTULO VII - LA COOPERACIÓN EN LA ACTIVIDAD MISIONERA
Tal cooperación se fundamenta y se vive, ante todo, mediante la unión personal con Cristo: sólo si se está unido a él, como el sarmiento a la viña (cf. Jn 15, 5), se pueden producir buenos frutos. La santidad de vida permite a cada cristiano ser fecundo en la misión de la Iglesia:Oración y sacrificios por los misioneros
« Heme aquí, Señor, estoy dispuesto, envíame » (cf. Is 6, 8)
« Mayor felicidad hay en dar que en recibir » (Act 20, 35)
Nuevas formas de cooperación misionera
Animación y formación del Pueblo de Dios
No sólo dar a la misión, sino también recibir
Dios prepara una nueva primavera del Evangelio
CAPÍTULO VIII - ESPIRITUALIDAD MISIONERA
Dejarse guiar por el Espíritu
Vivir el misterio de Cristo « enviado »
Amar a la Iglesia y a los hombres como Jesús los ha amado
El verdadero misionero es el santo.
Habla sobre la importancia del compromiso y del servicio. El espíritu Santo que se nos otorga es quien impulsa las grandes oras de Dios.
El impulso misionero pertenece, pues, a la naturaleza íntima de la vida cristiana e inspira también el ecumenismo: « Que todos sean uno ... para que el mundo crea que tú me has enviado » (Jn 17, 21).
2. Muchos son ya los frutos misioneros del Concilio: se han multiplicado las Iglesias locales provistas de Obispo, clero y personal apostólico propios; se va logrando una inserción más profunda de las comunidades cristianas en la vida de los pueblos; la comunión entre las Iglesias lleva a un intercambio eficaz de bienes y dones espirituales; la labor evangelizadora de los laicos está cambiando la vida eclesial;
Pero lo que más me mueve a proclamar la urgencia de la evangelización misionera es que ésta constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual, el cual está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia.
¿Para qué, entonces, la misión?
« Nadie va al Padre sino por mí » (Jn 14, 6)
5. Remontándonos a los orígenes de la Iglesia, vemos afirmado claramente que Cristo es el único Salvador de la humanidad, el único en condiciones de revelar a Dios y de guiar hacia Dios.
CAPÍTULO I - JESUCRISTO ÚNICO SALVADOR
Creer en la Eucaristía en el Santísimo
Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres: « Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús.
La misión universal de la Iglesia nace de la fe en Jesucristo, tal como se expresa en la profesión de fe trinitaria: « Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos... Por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo un ejemplo de amor y servicio
(1 Cor 8, 5-6). Se confiesa a un único Dios y a un único Señor en contraste con la multitud de « dioses » y « señores » que el pueblo admitía.
CAPÍTULO II - EL REINO DE DIOS
El Antiguo Testamento atestigua que Dios ha escogido y formado un pueblo para revelar y llevar a cabo su designio de amor. Pero, al mismo tiempo, Dios es Creador y Padre de todos los hombres se cuida de todos, a todos extiende su bendición (cf. Gén 12, 3) y con todos hace una alianza -Gén 9, 1-17). Israel tiene experiencia de un Dios personal y salvadoR
Cristo hace presente el Reino
El ministerio de Jesús se describe en el contexto de los viajes por su tierra. La perspectiva de la misión antes de la Pascua se centra en Israel. « El Reino de Dios está cerca » (Mc 1, 15); se ora para que venga (cf. Mt 6, 10); la fe lo ve ya presente en los signos, como los milagros (cf. Mt 11, 4-5), los exorcismos (cf. Mt 12, 25-28), la elección de los Doce (cf. Mc 3, 13-19), el anuncio de la Buena Nueva a los pobres (cf. Lc 4, 18). En los encuentros de Jesús con los paganos se ve con claridad que la entrada en el Reino acaece mediante la fe y la conversión (cf. Mc 1, 15) Y no por la mera pertenencia étnica.
Características y exigencias del Reino
Al comienzo de su ministerio proclama que ha sido « enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva » (Lc 4, 18). A todas las víctimas del rechazo y del desprecio Jesús les dice: « Bienaventurados los pobres » (Lc 6, 20).
Las numerosas curaciones demuestran su gran compasión ante la miseria humana
En el Resucitado, llega a su cumplimiento y es proclamado el Reino de Dios
16. Al resucitar Jesús de entre los muertos Dios ha vencido la muerte y en él ha inaugurado definitivamente su Reino. E (cf. Act 28, 31).
El Reino con relación a Cristo y a la Iglesia
CAPÍTULO III - EL ESPÍRITU SANTO PROTAGONISTA DE LA MISIÓN
21. « En el momento culminante de la misión mesiánica de Jesús, el Espíritu Santo se hace presente en el misterio pascual con toda su subjetividad divina: como el que debe continuar la obra salvífica, basada en el sacrificio de la cruz. Sin duda esta obra es encomendada por Jesús a los hombres: a los Apóstoles y a la Iglesia. Sin embargo, en estos hombres y por medio de ellos, el Espíritu Santo sigue siendo el protagonista trascendente de la realización de esta obra en el espíritu del hombre y en la historia del mundo
El Espíritu hace misionera a toda la Iglesia (cf. Act 2, 42-47; 4, 32-35).
El Espíritu está presente operante en todo tiempo y lugar
CAPÍTULO IV - LOS INMENSOS HORIZONTES DE LA MISIÓN AD GENTES
Por medio de los Apóstoles la Iglesia recibió una misión universal, que no conoce confines y concierne a la salvación en toda su integridad, de conformidad con la plenitud de vida que Cristo vino a traer (cf. Jn 10,10);
En efecto, la Iglesia « no puede sustraerse a la perenne misión de llevar el Evangelio a cuantos —y son millones de hombres y mujeres— no conocen todavía a Cristo Redentor del hombre. Esta es la responsabilidad más específicamente misionera que Jesús ha confiado y diariamente vuelve a confiar a su Iglesia ».50
La misión « ad gentes » conserva su valor
34. La actividad misionera específica, o misión ad gentes, tiene como destinatarios « a los pueblos o grupos humanos que todavía no creen en Cristo », « a los que están alejados de Cristo », entre los cuales la Iglesia « no ha arraigado todavía »,53 y cuya cultura no ha sido influenciada aún por el Evangelio.54 Esta actividad se distingue de las demás actividades eclesiales, porque se dirige a grupos y ambientes no cristianos, debido a la ausencia o insuficiencia del anuncio evangélico y de la presencia eclesial.
Por lo demás, no es fácil definir los confines entre atención pastoral a los fieles, nueva evangelización y actividad misionera específica, y no es pensable crear entre ellos barreras o recintos estancados. No obstante, es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio y por la fundación de nuevas Iglesias en los pueblos y grupos humanos donde no existen, porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia, que ha sido enviada a todos los pueblos, hasta los confines de la tierra.
35. La misión ad gentes tiene ante sí una tarea inmensa que de ningún modo está en vías de extinción. Al contrario, bien sea bajo el punto de vista numérico por el aumento demográfico, o bien bajo el punto de vista sociocultural por el surgir de nuevas relaciones, comunicaciones y cambios de situaciones, parece destinada hacia horizontes todavía más amplios. La tarea de anunciar a Jesucristo a todos los pueblos se presenta inmensa y desproporcionada respecto a las fuerzas humanas de la Iglesia.
Ámbitos de la misión « ad gentes »
a) Ámbitos territoriales.
b) Mundos y fenómenos sociales nuevos.
c) Áreas culturales o areópagos modernos.
El areópago representaba entonces el centro de la cultura del docto pueblo ateniense, y hoy puede ser tomado como símbolo de los nuevos ambientes donde debe proclamarse el Evangelio. El mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola —como suele decirse— en una « aldea global
CAPÍTULO V - LOS CAMINOS DE LA MISIÓN
La primera forma de evangelización es el testimonio
El primer anuncio de Cristo Salvador
Conversión y bautismo
Formación de Iglesias locales
Encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos
El diálogo con los hermanos de otras religiones
Promover el desarrollo, educando las conciencias
La Caridad, fuente y criterio de la misión
CAPÍTULO VI - RESPONSABLES Y AGENTES DE LA PASTORAL MISIONERA
Apóstoles encontramos a otros agentes menos conocidos que no deben olvidarse: son personas, grupos, comunidades. Un típico ejemplo de Iglesia local es la comunidad de Antioquía que de evangelizada, pasa a ser evangelizadora y envía sus misioneros a los gentiles (cf. Act 13, 2-3). La Iglesia primitiva vive la misión como tarea comunitaria, aun reconociendo en su seno a « enviados especiales » o « misioneros consagrados a los gentiles », como lo son Pablo y Bernabé.
CAPÍTULO VII - LA COOPERACIÓN EN LA ACTIVIDAD MISIONERA
Tal cooperación se fundamenta y se vive, ante todo, mediante la unión personal con Cristo: sólo si se está unido a él, como el sarmiento a la viña (cf. Jn 15, 5), se pueden producir buenos frutos. La santidad de vida permite a cada cristiano ser fecundo en la misión de la Iglesia:Oración y sacrificios por los misioneros
« Heme aquí, Señor, estoy dispuesto, envíame » (cf. Is 6, 8)
« Mayor felicidad hay en dar que en recibir » (Act 20, 35)
Nuevas formas de cooperación misionera
Animación y formación del Pueblo de Dios
No sólo dar a la misión, sino también recibir
Dios prepara una nueva primavera del Evangelio
CAPÍTULO VIII - ESPIRITUALIDAD MISIONERA
Dejarse guiar por el Espíritu
Vivir el misterio de Cristo « enviado »
Amar a la Iglesia y a los hombres como Jesús los ha amado
El verdadero misionero es el santo.
Colaboracion: Melissa Santana
